domingo, 25 de septiembre de 2011

El robo.

Para robo el que me hicieron a mí. No sé ni cómo, pero ocurrió. Ella se fue, y de paso se llevó mi cordura. Ahora me quedan un par de relojes que casi no uso, un cactus que se muere no sé si por poca agua o por demasiada agua (yo a estas putas plantas nunca las he entendido, joder), llaves de candados que ya no existen y muchísimos aparatos: aparatos inservibles que se pasan el día haciendo ruidos incomprensibles y estridentes, y que se podrían haber ido antes que ella, a la que echo bastante de menos.

Y con ella me refiero a mi cordura. La otra está bien donde quiera que esté. No me acabo de acostumbrar a que me roben.


sábado, 3 de septiembre de 2011

K.

Igual ya es hora.

Igual ya es hora de dejar de soñar, de dejar los ideales a un lado y someterme al poder de lo productivo.

Igual ya es hora de dejar de pensar, de leer y criticar y someterme a los folletines diarios que narcotizan a mis compañeros.

Igual ya es hora de dejar de perder el tiempo en mujeres y someterme al poder de una sola.

Igual ya es hora de dejar de escribir y decir tonterías y someterme a los vaivenes de la cerveza.

domingo, 28 de agosto de 2011

Que nadie quiere ser viejo

Cuando nos hacemos viejos, el rostro se nos arruga, el pelo se vuelve blanco, se cae y llevamos dientes postizos. Vemos mal, oímos peor, nos tiemblan las manos, nos duelen los huesos, nos cuesta andar e incluso respirar.

Cuando somos jóvenes, y observamos desde lejos todo eso, sentimos como imposible llegar a ese momento, algunos aseguran preferir no vivirlo antes que verse en esas condiciones. Despreocupados, nos creemos invencibles y pensamos que esto siempre será Jauja.

Con el pelo emblanquecido, la mente falla, las piernas fallan, y muchas veces sentimos que nuestros mayores son como grandes niños arrugados, gruñones y soberbios, que no darán su brazo a torcer y cuyo mundo no va a dejar de girar en la dirección y ritmo al que están acostumbrados.

Cuando eres viejo, la experiencia y los años se entremezclan. Podemos hablar de cosas que hace más de medio siglo dejaron de ocurrir, como si fuese el titular de la portada cualquier diario de esa misma mañana.

Nuestras historias se repiten, pero nos empeñamos en contarlas hasta el final, indagando continuamente en los mismos detalles, aquellos que hace muchos años, y sin saber bien por qué, quedaron registrados en nuestra mente quedándose ahí guardados, quietecitos, hasta que nos vayamos de este mundo.

Nuestros mayores han sobrevivido a guerras, revoluciones, educaciones demasiado estrictas o demasiado desatendidas, enfermedades y avances tecnológicos que han modificado la forma de tratar con la realidad tan vertiginosamente, que ha sido imposible para muchos ir más allá de comprender lo que es un teléfono, televisión o radio si es que han tenido la suerte de llegar a entender el por qué y para qué de alguno de estos.

Qué decir de internet… 

Les sorprenden muchas cosas del mundo ante las cuales nosotros estamos vacunados desde chicos, vemos como normales y hemos asimilado sentados frente a un aparato de televisión.

Respeto.

A aquellos que han estado aquí antes que nosotros, que han hecho posible que existamos, que han cambiado nuestras vidas, que han permitido que vivamos sin complicaciones, con su esfuerzo, con su trabajo, que han sufrido y han llorado por todos los que ya se les fueron. Que nos han educado. Herencia eterna y gratuita que hace de nosotros personas únicas. Aprendamos todo lo que nos pueden enseñar y cuidemos de ellos como hicieron cuando no levantábamos ni un palmo del suelo y no podíamos valernos por nosotros mismos.

Una lágrima en su mejilla y se apagó el cerillo de su vida.
No te olvides de estar allí pendiente de todos.

HeTenidoDiasMejores Blog 

domingo, 7 de agosto de 2011

Libros y otras subjetividades varias.

Iba a decir que me contaron, pero estaría mintiendo si no admito que en cierta ocasión fui yo el que se inventó, algo que suelo hacer a menudo y por lo cual no me avergüenzo, la historia de dos personas que empezaron a leer un libro a la vez. Uno empezó por el principio, como la gente razonable en occidente. El otro hizo lo contrario y abordó el escrito por la contraportada, leyendo ésta a conciencia y perdiendo todo el interés consiguiente. He de imaginar sobre la marcha para darle una explicación coherente a tal cavilación estúpida, que este segundo lector debía ser árabe, o no sé: sin ánimo de ofender, lo mismo era gilipollas o el típico gracioso que se cree que puede ser bonito, memorable o digno de contar, cerveza en mano, el hecho de empezar un libro por el final… pero como esto es pura ficción, lo mismo puedo introducir dragones que tecnología futurista que hacer que parezca lógico que dos personas lean un libro (primera dificultad en nuestros días), y que lo hagan a la vez.

El caso es que comenzaron aquella tarea, siempre ardua para algunos más que para otros, de la lectura y ocurrió que coincidieron en una página. No en la mitad, porque siempre hay uno que lee más rápido que el otro, aunque sea sin enterarse bien y sólo para acabar colocándose la medallita de la velocidad punta, que no siempre es buena, en la solapa de la chaqueta de lector, disponible en su último catálogo del Círculo de lectores.

No aclararé, en vista de los recientes, o no tan recientes, acontecimientos y disputas varias entre religiones y culturas y con intención de no avivar aún más la llama de la creciente incomprensión y la falta de respeto mutuo, cuál de los dos, si el occidental o el árabe, fue el que se adelantó o el que se puso tal medalla, si es que existiera, si es que alguna vez ha habido chaquetas de lectores -aunque supongo que sí porque es tradicional ver cualquier escena de la saga de películas de Harry Potter y contemplar que su atuendo de lectura es, en ocasiones, diferente del que usa para cualquier otro menester-.

En cualquier caso, y llegados a este punto en que coincidieron ambos, se pusieron de acuerdo para no seguir leyendo porque el libro, según tengo entendido, debía ser lo que se conoce en nuestro lenguaje cotidiano como un auténtico coñazo en su sentido figurado más español y andaluz… Región, Andalucía, de la que provengo y de la que no me puedo deshacer tan fácilmente aun estando en esta difícil y abstracta labor de narrar la lectura entre personas de desconocida procedencia.

Acordaron, entonces, hacer un resumen cada uno de su fragmento de libro para el otro, y también pactaron que comenzaría el del principio a narrar su parte para que cuando éste concluyera, pudiera el lector de las últimas páginas contar su breve resumen al primero, y así tener una imagen global y completa del libro ambos dos. Supongo y creo acertar si digo ninguno de ellos logró captar con total claridad los contenidos de aquel libro una vez expuestos los resúmenes recíprocamente, más que nada porque ninguno de ellos había leído el libro entero: ninguno había tenido ese control total sobre el escrito con la facilidad de manipulación y de revisión que da el poder absoluto.

En esto que, habiendo terminado los resúmenes y ya en la fase de asunción y asentamiento de los contenidos, ambiguos para los dos, ambos cayeron en la cuenta de que, de súbito, el libro había acabado, y aunque habían esperado más de sus páginas, se mostraron sorprendidos, a veces para bien y a veces para mal, por la resolución de algunos conflictos en el cenit del argumento.

Como conclusión, y a modo de finiquito para no dar más vueltas a este asunto de la lectura, ambos llegaron al final del libro por un camino o por otro, y entendieron que, como en la vida, nadie tiene el dominio total de sus actos y que, también como en la vida, el libro había terminado para los dos y al final no se habían enterado de un carajo, como probablemente ustedes o yo al releer estos breves párrafos que les brindo desde la soledad que proporciona el jet lag en territorio ajeno.

Buenas noches y buena suerte en sus andanzas.


domingo, 17 de julio de 2011

Pastilla roja y azul.

Lo quiero todo.

Quiero todo vuestro dinero para luego quemarlo. (Me gusta el dinero)

Quiero todas vuestras bellas mujeres para luego rechazarlas. (Me encantan las mujeres guapas)

Quiero todos vuestros ferraris para luego empotrarlos. (Soy más de Bentleys y Aston Martin)

Quiero todos vuestros paraísos fiscales para luego hundirlos. (Islas Caimán en verdad mola)

Quiero todos vuestros jets privados para luego estrellarlos en vuestros bancos de Wall Street. (Me gusta viajar en avión y NY)

No quiero nada.

sábado, 25 de junio de 2011

La intolerancia del que cree tener razón.

Estoy hasta los huevos y vengo a quejarme.

Los seres humanos teníamos, muy al principio del devenir histórico, que trabajar por nosotros mismos y de una forma casi individual para conseguir todo lo que fuéramos a comer o a utilizar. Pero eso era una mamarrachada, como es natural no todos tenían las mismas habilidades para realizar las mismas actividades. Al comprender la pérdida de tiempo y esfuerzo que ello suponía, y al entender que todo ese tiempo y esfuerzo se podía invertir en otras cosas, llegó la especialización. En este proceso y como es lógico, los más fuertes se dedicaron a la caza, mientras los más listos pensaban en nuevas formas para cazar, y así sucesivamente.

Más adelante, hubo quien se preocupó por alcanzar conocimientos de elevada complicación, resolver misterios o llegar a comprender ideologías complejas. Hubo quien se partió la cara por su clase y quien partió la cara a los de su clase. Hubo quien optó por dedicarse a cuidar a su familia, y quien, al no tener familia, dedicó su tiempo a lograr el bien común, el propio, o el bien de nadie. Hubo quien cantaba y quien escribía, quien soñaba y quien actuaba. Había quien dirigía una tienda de ultramarinos y quien pasaba sus horas bajo el sol, acompañado por mulos. ¡Había de todo!

En definitiva, hubo de todo y para todos los gustos. No obstante, siempre quedó como incertidumbre en la conciencia colectiva, el saber si los gustos o las tendencias personales venían dadas por los genes, por la educación o por el ambiente. ¿Por qué la gente era como era? Y es que, en realidad, jamás podremos saber cómo sería el terrateniente si le hubiera tocado ser pastor. Y tampoco sabemos si el agricultor haría lo que el latifundista si le hubiese tocado esa suerte, ni si el súbdito hubiera sido más déspota que el más tirano de todos los reyes.

Y sigue vigente hoy todo ello. Hay quien se tira a la piscina aun sin estar llena y quien espera a que esté llena, ya de gente, para saltar.

Por eso mismo me resulta repugnante, hipócrita, infantil, ilegítimo, muy impráctico y poco beneficioso para la comunidad, el hecho de no querer entender los puntos de vista de los demás, sus inquietudes y valores. Esos mismos valores y actitudes que nosotros tendríamos de haber estado en su lugar, eso tenedlo claro. Por eso me avergüenza que, hoy, a estas alturas, no seamos capaces, ni siquiera nosotros, de saber tolerar verdaderamente a los demás.

Es, para mí, incomprensible, que todavía hoy estemos discutiendo a grito pelao por banalidades sin importancia, en vez de ser sinceros con nosotros mismos, aceptar nuestras debilidades, nuestra pequeñez y comprender que somos personas, no máquinas, no férreos aparatos, no dioses ni señores en trono. Parece mentira que haya que recordar que nuestra realidad sólo forma una pequeña parte del enorme elenco de realidades que coexisten en el mundo. Y el no aceptar o intentar comprender las demás, o asumir la realidad propia como la única y verdadera, como la doctrina unívoca y certera, como el mandato y legado de la gran verdad me suena más a fanatismo que a razón.

Esta vez sí tiraré la primera piedra. Y espero que dé, de lleno, sobre la cabeza de aquellos que la tienen cerrada para que así se abra. Que no me intenten convencer con argumentos rebuscados una falta de tacto y de miramientos, de cariño y comprensión. Por la falta de empatía que caracteriza a este mundo de mierda nos va como nos va. Y merecidos serán los castigos desproporcionados y sin motivo, a aquellos que no supieron escuchar el punto de vista del que nació a su lado. Por muy puros, sinceros y razonables que sean los puntos de vista, pierden su credibilidad en el momento en que no se aceptan nuevas perspectivas.

Y sí, claro que todo esto va por ti, porque ¡¡¡esto va por todos!!! Porque todos hemos nacido sin saber dónde íbamos a caer, quienes iban a ser nuestros padres y nuestros amigos, y todos tenemos la responsabilidad de lograr un mundo mejor. ¿Pero cómo carajo lo vamos a hacer si no nos escuchamos entre nosotros? A veces pienso que sois rematadamente gilipollas. Os invito a que penséis, pero moderadamente, contrastando y tomando el mundo como un enorme conjunto de ideologías y opiniones que, si no se ponen en común, no valen de nada. Encerrarse en la propia convicción es el peor de los engaños.

Y ahora llamadme ñoño, hostia, pero que no me jodan: TODOS somos personas y tenemos corazón.

sábado, 11 de junio de 2011

El día que tiré una cuenta de banco por la ventana.

Y, yo dije, puedes tomar tus tíos y tías ricos
y abuelos y padres
y todo su asqueroso petróleo
y sus siete lagos
y sus pavos salvajes
y los búfalos
y todo el estado de Texas
queriendo decir, tu explosión de graznidos
y tus caminatas de sábado a la noche par la rambla
y tu pequeña biblioteca selecta
y tus políticos coimeros
y tus artistas intelectuales
puedes tomar todo esto
y tu periódico semanario
y tus famosos tornadas
y tus sucias inundaciones
y todos tus gatos maullantes
y tu suscripción a Life
y, nena,
refriégatelos.